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jueves, 15 de febrero de 2018

Dolina sobre el antiperonismo

El cepo al dólar o el pasado del Papa; La justicia, la verdad, el suicidio de Nisman y menos que menos los bomberos muertos de Iron Mountain, no le importan. El pibe que mataron en un robo o la heladera que compró y vino fallada, tampoco. Mintió. No le importaba ni la corrupción, ni los pobres, ni el de al lado, y menos los que manda a agarrar la pala desde Internet. El tema era culpar al peronismo de todo lo malo. Nada más. A él solo le importó una cosa: que el gobierno no sea peronista. Para él los Kirchner, Evita, Dolina, Corach, Leonardo Favio, el Papa Francisco, Rodríguez Saa, Rodolfo Walsh, Cafiero, Cámpora y el que silba la marcha de Hugo del Carril cuando limpia los vidrios, fueron, son y serán, todos iguales, son todos enemigos que pertenecen a ese movimiento maldito.
Si estando en el gobierno privatizan o estatizan, a él le da lo mismo, siempre es malo, porque la acción no le interesa, sino la identificación de alguien como peronista; y si van al norte o al sur, está mal ambas cosas, solo porque son peronistas.
Como no puede admitir que vota y opina según una “camiseta”, siempre “en contra de ellos” y que, en realidad, las ideas, las obras, las acciones no le importan, se viste para la ocasión. Si se tiene que vestir de socialista indignado; de comunista que tiene auto importado con calcomanía del Che Guevara; de humanista porque postea si ve un perrito perdido; de radical especializado en Illia porque murió pobre; de Isaac Rojas subido a un avión bombardero; de estadounidense o francés porque son países serios; de ciudadano derecho que pide golpe de Estado o de republicano racional que entiende que la economía está por encima de la gente, él se cambia sin vergüenza alguna. El fin justifica los trajes: el gobierno no tiene que ser peronista. Punto.
El centro cultural más grande de la historia, el polo científico, los trenes, la nacionalización de YPF, el matrimonio igualitario, los satélites argentinos, el Hospital El Cruce, Tecnópolis, el billete con las islas Malvinas, el plan Qunitas y el PRO.CRE.AR hubieran sido obras de un gobierno no peronista, a él mucho no le hubiera importado, salvo que lo beneficien en algo, pero sí afirmaría que son aciertos irrefutables. Pero como son acciones de gestiones peronistas, entonces son curros, no son los modales adecuados, lo importante no es la obra sino el nombre o fueron gastos que no corresponde a este tiempo.
Lo que sí le importa es repetir que su fortuna personal no depende del estado del país, mucho menos cuando hay gobiernos peronistas, y que su familia y él son los poquísimos trabajadores serios y honrados, que habitan “éste país” que anda mal porque, salvo él y unos pocos, el resto son todos vagos peronistas y ladrones.
Cuando todo estalla y ya no se puede disimular que no se construyó nada en función del pueblo, no será consecuencia de que los que venían a salvar al país son inoperantes, deshonestos, cipayos y mucho menos dirá “que mal voté, es que siempre voto lo que sea para no votar un peronista”. En ese momento soltará una de sus frases escudo: “es que, al final, son todos iguales, todos roban”. De esa manera, no hay análisis ni cálculos, todos son corruptos. El gobierno que pone derechos del trabajador en la Constitución, les otorga pensión a las amas de casa, promueve el aguinaldo, y/o subsidia el transporte, la luz y el gas a los que menos ganan, será, según él, igualito al que se quedó con los ahorros que tenía la clase media en los bancos y no construyó ni un hospital porque igual, al final “todos roban”.

Alejandro Dolina

https://www.identidadperonista.com/2018/02/14/las-excusas-del-gorila-todos-roban/

miércoles, 15 de junio de 2016

He votado corruptos…

He votado corruptos. Varias veces. De diferentes partidos políticos. También es cierto que en otras ocasiones he intentado votar personas honestas…
Existe una tensión al momento de sufragar entre la ética del candidato y la ideología del espacio político. No soy de los que separan tan fácilmente la conducta individual de la construcción colectiva. Creo que la corrupción también es un hecho político. Pero, me apresuro a aclarar, también creo que no es el único. Quiero políticos honestos y, a la vez, que gobiernen buscando, construyendo el bien común.
Hoy se instala mediáticamente, con más fuerza, la corrupción kirchnerista. Y no voy a esquivar el bulto. ¿Hubo corrupción en el kirchnerismo?. Desde luego. ¿Los voté?. Sí. ¿Milité activamente en el espacio?. Sí, y especialmente durante estos últimos años. Hasta tuve el honor de trabajar para el Poder Ejecutivo cuando Cristina era presidenta, y para el Bloque del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados. ¿Eso me hace corrupto?. De ninguna manera… Es más, nunca dejé de denunciar la corrupción, ni siquiera cuando trabajaba en el gobierno.
(Y antes de seguir,  una breve y obvia aclaración: hay corrupción en todos lados. No nos olvidemos de jueces, empresarios, periodistas, y gente de a pie...)
He votado corruptos. En mi primera elección, a los 19, voté en blanco para presidente porque ningún candidato me convencía (De la Rúa, Duhalde, Cavallo…). Nunca más volví a hacerlo porque, si bien respeto a los que deciden hacerlo, creo que es mejor elegir uno entre las opciones que hay a que otros elijan por mí. Aunque me equivoque.
En el 2003 voté a Néstor Kirchner, porque no quería una segunda vuelta neoliberal entre Menem y López Murphy. Pesó lo ideológico. Siempre me sedujo el, por así llamarlo, “peronismo de centroizquierda”. Quiero Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política. Pero luego, por más de 8 años, no volví a votar al kirchnerismo. En ninguna elección. Sé que algunos, de un lado y del otro, se sorprenderán por este dato…
En el 2007, en mi etapa más anti-K, voté a Carrió presidente y Macri jefe de gobierno. Sí, un anticipo de Cambiemos. Por eso creo entender lo que pasó el año pasado. Porque estuve ahí. Es decir, como ya dije, he votado corruptos… Y también me he arrepentido de mi voto.
En el 2008, desencantado con las opciones electorales existentes, y junto con un grupo de amigos, decidimos dar un paso más en nuestro compromiso político y nos metimos de lleno en un partido político. Un año después éramos candidatos. Y nos votamos a nosotros mismos. ¿Convencidos?. Sí por nosotros. Pero les juro que también estábamos convencidos que en esa misma lista se habían filtrado corruptos. Y, así y todo, quizás era la boleta con menos corruptos…
A lo largo de mi vida he votado, siempre en el marco de algunas coincidencias programáticas, políticas, candidatos que me parecían honestos (y seguramente muchos de ellos lo son). Me pasó con Gustavo Béliz, Jorge Srur, el Juez Cruciani, y algunos menos conocidos de la izquierda. No acordaba con todas sus propuestas (¿acaso eso es posible?), pero claramente que la virtud de la honestidad sumaba. También sé que no alcanza. Es condición necesaria pero no suficiente.
¿Y qué hacer cuando no hay candidatos honestos que, además, me representen políticamente?. Involucrarse. Meterse. Comprometerse. Participar. Es cierto que no es fácil. Es verdad que los que “viven de la política” llevan las de ganar. Pero si seguimos haciendo lo mismo nunca vamos a cambiar nada. Y hablo de cambiar en serio y para mejor… ¿Te animas?. Escribime…

“No me agradan muchos de los funcionarios oficialistas, algunos por su formación ideológica y otros porque están justificadamente sospechados de corrupción” (¿Soy kirchnerista?, octubre de 2010)
“Ojalá se tomen acciones decididas, valientes, para combatir la corrupción. Me darían más ganas de votarlos, y de militar más activamente esta concreción del proyecto nacional y popular” (¿Se puede votar alkirchnerismo sin ser K?, agosto de 2013)
“Repudio la corrupción en todos sus niveles… Hay corrupción. De hecho, hay funcionarios importantes procesados” (Relatos salvajes: crispación,grieta y fin de ciclo, abril de 2015)
“Algunos me dicen que se quiere acabar con la corrupción. Puede ser. De hecho (casi) todos estamos en contra de la corrupción. Queremos memoria, verdad y justicia también en este tema. Pero si realmente ese hubiese sido el motor del voto, no estaríamos en este escenario de segunda vuelta entre Scioli y Macri. El Pueblo no quiere corruptos, pero no parece ser el mensaje de las urnas” (Cambiemos para la Victoria, octubre de 2015)
“Ojalá que:
-         Hayan votado por menos corrupción y más honestidad
-         Hayan votado por acabar con la impunidad y las mafias
-         Hayan votado por unir realmente a los argentinos
-         Hayan votado pensando en los más pobres
-         Hayan votado pensando en un país mejor para todos
-         Hayan votado pensando en un cambio para mejor…”(Ojalá, noviembre de 2015)

Allá por 2005, hace más de 10 años, inauguraba mi blog escribiendo sobre una de las peores tragedias que sacudió a nuestro Pueblo: Cromañón. Y siempre dije que a esos pibes los mató la corrupción. Escribí en esa oportunidad: “¿Por qué sucedió esta tragedia?. Por culpa del hombre. No hay duda. Empresarios inescrupulosos que, por ganar dinero, no cumplen con las medidas de seguridad. Funcionarios que, por coima o inoperancia, no realizan los controles debidos” (Cromañón y el misterio del dolor, enero de 2005). Por esa razón, y pese a estar en algunas ocasiones en el mismo espacio político que yo, nunca voté a Aníbal Ibarra. Porque la corrupción mata…

“Nosotros somos Parresía, una comunidad de personas cuyo objetivo es colaborar con la construcción de un mundo mejor, sin corrupción, sin mafias, sin esclavos ni excluidos”. Te invitamos a conocernos: Somos Parresía.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Aumento a Diputados y Senadores Nacionales


“No hay hechos, sólo interpretaciones” dijo Nietzsche. Luego de darse una vuelta por diversos medios masivos de comunicación, uno no hace más que confirmarlo.

En estos días el tema de tapa, por llamarlo de alguna manera, es el aumento de la dieta de diputados y senadores nacionales.

Desde un lado se habla de polémico aumento, irritante, al decir que los legisladores se aumentaron la dieta en un 100 %. Se critica el hecho de que sea en un contexto de ajuste, de quita de subsidios, y negando la inflación. Se cuestiona la desproporción con los aumentos a negociar en las paritarias de los trabajadores. Y los opinadores amateurs, influenciados por los opinadores pagos, no hacen más que quejarse e indignarse, repartiendo insulto a mansalva. Reaparece, o resurge, el discurso antipolítico.

Ahora, ¿alguno se preguntó cuánto ganaban antes?. ¿Cuánto hace que no aumentan su dieta, a diferencia de otros rubros que aumentan una o dos veces por año?. ¿Cuánto deberían ganar?. ¿En base a qué criterio?. ¿Cuánto gana un juez?. ¿Y un ministro?. ¿Y otros empleados con cargos de director o subdirector?. ¿Y un gerente en una empresa privada?. ¿Cuál es el impacto del aumento en el presupuesto?. ¿Dónde hubiese ido esa plata que ahora se destina a aumentarle la dieta a diputados y senadores?. ¿Alguno se preguntó?.

Estamos hablando de legisladores nacionales. Un diputado es un representante del Pueblo, elegido por el Pueblo. Los legisladores nacionales pueden sancionar leyes, dejar de sancionarlas, o derogarlas, y con ese simple voto pueden hacer felices a millones de personas o arruinar sus vidas.

Y bueno, me dice uno, esos tipos no laburan nunca, se la afanan toda, y no hacen nada por la gente. Eso ya es otra cosa. Y quizás ahí debemos poner el eje del debate. No importa si poco más de 300 tipos se suben el sueldo unos quince mil pesos cada uno por mes. Dentro del presupuesto es un porcentaje ínfimo. El problema es que los actuales diputados y senadores nacionales, en su gran mayoría, no se la merecen, no se la ganan, y su trabajo realizado no lo vale. Pero esto es de todos los días. Y nos tenemos que indignar, reaccionar y accionar, más allá de una tapa oportuna de Clarín o un título interesado de TN.

Los legisladores nacionales, en su mayoría, no representan a nadie. ¿Y por qué llegan ellos?. ¿Y por qué los terminamos votando?. Hoy, lamentablemente, difícilmente pueda hacer política partidaria con chanches reales de acceder a un cargo electivo el que no tiene plata. Ahora, imaginémonos que algún día llegase un laburante, de esos que hoy hacen malabares para llegar a fin de mes con su familia, y que trae propuestas posibles, realizables, por el bien del Pueblo. ¿Alguno se molestaría porque cobre $30.000 al mes?.

Y no quiero caer en esos pensamientos que también se escucharon estos días: “un sueldo alto evita la corrupción”. El corrupto lo es con sueldo bajo o con sueldo alto, aunque lo que pueden variar son las tentaciones. Es cierto que lo que tiene que caer mal no es el aumento sino las coimas, como dijo algún diputado. Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Indignémonos por lo que hay que indignarse. Y también pasemos a la acción. Pero sólo vamos a salir adelante con menos politiquería y más política.